Diversidad versus Diferencia

Me duele Europa. Me duele leer a diario tanto ser enfadado argumentando si somos de aquí o de allí. Me duele utilizar el calificativo catalán, español o europeo como arma arrojadiza.  Me duele ver a seres que aprecio tirándose la nacionalidad a la cara como forma de romper la transparencia de la convivencia.  Me duele pensar que después de tantos años de diálogo pacifico, están ganando los que quieren hacer una nación grande de nuevo y los que sienten que nunca tuvieron espacio para estar dentro de una nación. Me duele cuando los que profesan la diferencia acallan las voces de los amantes de la diversidad. 

Tengo nacionalidad española y puedo circular libremente por el espacio europeo y nunca antes me había parado a pensar si me siento orgulloso de ser de aquí o de allí. Cuando viajo siempre me gusta pensar lo feliz que sería si viviera en ese lugar. Me aterran los que viajan comparando con orgullo, continuamente, el lugar visitado con su lugar de origen. Me aterran las nacionalidades que no dejan espacio para otras nacionalidades. Me aterra cuando oigo apelar al orgullo patrio, al victimismo colonialista, a la unión a la fuerza o a la separación por derecho. Me aterran los que apelan a que <<siempre ha sido así>> y me aterran los que <<quieren a la fuerza convencerme>>.

Me duele ver a seres que aprecio tirándose la nacionalidad a la cara como forma de romper la transparencia de la convivencia.

He sido feliz en tiempos de cambio porque solo entonces se hace evidente que nada es permanente. La transformación es lo único que hay. Vivimos a diario gestionando el cambio porque solo hay cambio. Nada ha permanecido igual nunca. Y tristemente cuando se pierde la razón y se apela a la hombría, al honor, a la gloria, a la memoria, al orgullo, a la sacralidad, al sacrificio y a la espada; Ya se ha roto todo. Ya no queda nada.

El mundo es de aquellos que crean realidad, y, la historia pertenece a todos y no solo a aquellos que deciden escribirla. Hemos construido un relato que debe estar cambiando hoy mismo. Ese es el secreto de aceptar el cambio como lo único que hay. Y nos queremos quedar encerrados en la narrativa de la diferencia, sin aceptar que la diversidad y el sincretismo es lo que hace resiliente a cualquier sociedad.

No me gustan las prohibiciones y tampoco la imposición a la fuerza. Y menos aún me gusta el que razona buscando el conflicto. Si me gusta la tolerancia, la aceptación, el deseo de mejora, la diversidad, la educación, la innovación y el continuo cambio que nos ha llevado a vivir el periodo más pacifico de la historia de la humanidad, ¿Por qué no somos capaces de traducir diferencia en diversidad?

Cuando te han convencido de temer la diferencia, te han robado el gozo de aprender. Ya no queda espacio para la evolución. Aceptar la diversidad es la palanca más poderosa para no involucionar. 

Como reza Steven Pinker [1] “Cuando una <<nación>> se concibe como un contrato social tácito entre personas que comparten un territorio, como los copropietarios de una urbanización, es un medio esencial para promover la prosperidad de sus miembros. Y, por supuesto, es verdaderamente admirable que un individuo sacrifique sus intereses en pro de otros muchos individuos. Algo muy distinto es que una persona sea forzada hacer un sacrificio supremo para beneficio de un líder carismático, un pedazo de tela o los colores de un mapa.” Por favor, menos mapas, menos trozos de tela y más deseo de “privilegiar el bienestar de hombres, mujeres y niños individuales por encima de la gloria de la tribu, la raza, la nación o la religión”

Me duele una Europa de nacionalismos y me aterra que me impongan ser parte de una encarnizada discusión en la que la diferencia es palanca de separación y no de cohesión. Nos une más de lo que nos separa, y para interioizar esta afirmación, se requiere de visión humanista y de apego a la prosperidad.  Cuando te han convencido de temer la diferencia, te han robado el gozo de aprender. Ya no queda espacio para la evolución. Aceptar la diversidad es la palanca más poderosa para no involucionar. 

 

[1] Steven Pinker, “En defensa de la ilustración” 2018, Ed. Paidós.

By | 2019-05-09T09:06:53+00:00 mayo 6th, 2019|Blog|0 Comments

About me:

Me considero un apasionado aprendiz de todo lo que hago. Coach Ontológico certificado por Newfield Network en Bogotá (Colombia). Master Executive en Marketing Relacional, CRM y Comercio Electrónico por ICEMD-ESIC. Licenciado en Ciencias Empresariales por la UCLM (Toledo) y último año de BA Honours en Management and Economics, University of St Andrews.

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