El valor de la desconexión para volver a conectar

Uno de los aprendizajes más valiosos de cualquier ser humano es reconocer su cansancio. Es posible que te hayan educado en que la rendición no es una opción, que hayas leído decenas de artículos sobre el valor de la perseverancia o que te hayas empapado del significado de la palabra “resiliencia”. Te puedo asegurar que reconocer tu cansancio es uno de los mayores actos de madurez del ser humano y posiblemente una de las claves de la resiliencia. Reconocerse cansado y actuar en consecuencia es el mayor acto de adaptación del ser humano a un entorno cada vez más adverso y lleno de distracciones. Es un acto de mesura y responsabilidad.

He leído sobre el valor de los introvertidos a la hora de dirigir y liderar los negocios con éxito. En pocas palabras, el atributo diferencial estriba en la capacidad de disfrutar de su soledad, de profundizar en sus emociones y de reflexionar pausadamente sobre posibles relaciones provechosas (Henry, Z. 2015). Puedo estar más o menos de acuerdo en asociar estas condiciones a una persona introvertida, y, de lo que no me cabe duda es del poder del silencio como agente transformador del cambio. En la mayoría de las ocasiones ese silencio solo se encuentra en ausencia de compañía. La introspección es un ejercicio de enfrentamiento a tus fantasmas y eso, da miedo. El valor diferencial de la introspección reside en la posibilidad de escucharse a uno mismo en soledad, de liberarse del ruido. Y no es poca cosa.

Esta explicación es algo similar a lo que Daniel Siegel y David Rock llaman “Time-In” en su conocido modelo The Healthy Mind Platter o las siete recetas diarias para ejercitar tu cerebro y mejorar el bienestar en tu vida. Estos especialistas en psicología y neurociencia detallan las siete actividades básicas para la mejora de nuestro cerebro: tiempo de conexión con otros, tiempo de concentración, tiempo de descanso, tiempo de ejercicio físico, tiempo dedicado al juego, tiempo dedicado a no hacer nada –“dolce far niente”- y tiempo dedicado a la introspección personal. Esta última actividad, “Time-In”, es descrita como el tiempo para reflexionar en soledad, concentrándose en sensaciones, imágenes, sentimientos y pensamientos, con el objeto de ayudar a nuestro cerebro a procesar toda la información vivida en el día y potenciar las conexiones neuronales de nuestro cerebro.

 

“Cuando creas que ya no te quedan IDEAS… escucha tu SILENCIO”.

Aprendizaje Núm. 16 | @b_crespo

 

 

Es paradójico y llama la atención que este modelo de vida saludable, reconocido por la Organización Mundial de la Salud y adoptado por el Ministerio de Sanidad en Estados Unidos, USDA, US Department of Agriculture,  entre en colisión directa con el viejo mito de la soledad como el síntoma más cercano al desequilibrio. Personalmente no he conocido a ningún profesional valioso que no haya tenido un momento de decaimiento. No pretendo teorizar sobre el valor del aislamiento como palanca terapéutica. No creo que exista una receta única para todos los seres humanos. Y sí he vivido a nivel personal el aporte de valor que supone el silencio y la desconexión como palanca inicial para ganar en el discernimiento necesario de cara a avanzar en tu propio proceso de transformación personal o profesional.

El silencio puede ser tu gran maestro cuando dejas el espacio necesario para que resuene más allá de todos tus pensamientos. La sensación de estar agotado y no tener ideas es algo habitual en todos los profesionales que habitualmente ejercitan tareas creativas o ejecutivas, sea cual sea el objeto final de la creatividad: una negociación, la solución a un problema técnico, una obra literaria, una idea publicitaria, un nuevo producto o servicio, la mejora de un proceso, etc.

Todos hemos llegado a un momento donde ya no quedan ideas. ¿Se acabó la chispa? No, no lo creo. Entre otros motivos porque cuanto más conectado estás contigo mismo, más productiva es tu capacidad creadora. Y nada mejor que la desconexión, el silencio o la meditación para potenciar esas conexiones.

 

A mediados de este año, casi tres y año medio después de escribir esta “aprendi-frase”, se convirtió en profecía autocumplida más allá de la practica diaria. Había decidido dejar mi último proyecto profesional y estaba agotado, tanto física como intelectualmente. Mi mujer me regaló un retiro de silencio absoluto de una semana a finales de septiembre. Os puedo asegurar que días antes de iniciar el retiro, tenía todas las excusas para no acudir -incluida la enfermedad grave de un familiar muy cercano. Superadas esas resistencias, decidí acudir. El proceso es intenso, lleno de excusas para abandonar, y todas ellas, con una carga de lo más racional. El resultado, es el regalo de poder transcender y conectar con tus deseos. No se consigue acallar la mente. Esa “vocecilla” grita todos tus pensamientos, en todo momento y no te deja ni una sola ocasión de desconexión. En ausencia de notificaciones push, email, Whatsapp, redes sociales, llamadas, agenda, reuniones, … sólo te queda la conversación contigo mismo. Y esa, siempre fue una conversación pendiente. Si quieres saber el resultado, te invito a que saltes. Nadie puede vivir por ti tu propio aprendizaje.

 

El valor de zambullirte en tu silencio.

Jon Kabat-Zin creó a finales de los setenta una metodología llamada MBSR que se ha hecho popular en los últimos años. Por cierto, la M de MBSR es la que todos conocemos (MBSR, Mindfulness-Based Stress Reduction).

Tengas a mano o no un profesional de MBSR, te invito a que elijas un momento del día para estar solo, sin nadie y en silencio. Si crees que no es posible, nunca lo llevarás a cabo. No hace falta que sigas leyendo.

Daniel Goleman y David Richardson, atribuyen rasgos alterados de consciencia solo a la práctica sostenida de estos ejercicios diarios de meditación o mindfulness. Incluso en algunos estudios llegan a comprobar como la práctica de Mindfulness puede mejorar la memoria operativa, dicho de otro modo, cómo nuestra mente puede optimizar la transmisión de conocimiento a la memoria a largo plazo (Goleman D., Richardson D, 2018).

Respetar ese tiempo es cuestión de foco. Si eres capaz de trabajar más de ocho, diez o doce horas cada día, bien te puedes regalar diez minutos al día. Al final de ese espacio de silencio, tus problemas volverán a tu cabeza. No hace falta luchar porque se vayan, por algún motivo son algo importante para ti, si vuelven.

El silencio no da la solución a los problemas y sí facilita el desarrollo de la cualidad de la observación. Simplemente, transforma tu ser en un observador de ti mismo. Técnicamente lo denominan la práctica de la metaconsciencia. Simplemente obsérvate. En muchas ocasiones, yo he llegado a transformar esos mismos problemas en oportunidades valiosas en mi vida. Todo depende de la cualidad del observador.

 

El silencio no da la solución a los problemas y sí facilita el desarrollo de la cualidad de la observación.

 

Llevo practicando meditación desde el 2003 y siempre me recomendaron una práctica diaria en sesiones de media hora, al salir el sol y antes del atardecer. Reconozco que he sido inconstante, y también reconozco que el valor de la meditación en mi vida es algo que no tiene parangón. Es difícil explicarle a alguien que no se cree capaz de parar diez minutos en silencio que emplee casi una hora a diario. Sin embargo, si empiezas por esos diez minutos de silencio al final del día es un paso valioso hacia el sosiego, la lucidez y la capacidad creativa. Sorprendentemente, la meditación mejora la productividad y genera estados sostenidos de mejora de la mente -rasgos alterados (Goleman D., Richardson D, 2017).

Alguien me enseñó hace tiempo que meditar es borrar el espacio entre pensamiento y pensamiento. En una conversación maravillosa de la película Copying Beethoven (Kimmel & Holland et Al, 2006),  el maestro le recomienda a su ayudante que para lograr escuchar la música es necesario encontrar primero el silencio. Traduzco al castellano el diálogo de la versión original:

– … Me dice usted maestro que debo encontrar el silencio en mi interior para poder escuchar la música – Afirma Anne Holtz.

– Sí, sí, si. El silencio es la clave. El silencio entre cada nota. Cuando ese silencio te envuelve, tu alma es capaz de cantar… – Responde Beethoven.

Si alguna vez has percibido la belleza en el silencio, ya sabes a lo que me refiero.

 

 

 

Fuentes:

  1. The Healthy Mind Platter 
  2. Daniel Goleman & Richard Davidson, 2017. “Altered Traits: Science Reveals How Meditation Changes Your Mind, Brain and Body” 
  3. Copying Beethoven, 2016
By | 2018-12-04T11:20:18+00:00 diciembre 4th, 2018|Blog|0 Comments

About me:

Me considero un apasionado aprendiz de todo lo que hago. Coach Ontológico certificado por Newfield Network en Bogotá (Colombia). Master Executive en Marketing Relacional, CRM y Comercio Electrónico por ICEMD-ESIC. Licenciado en Ciencias Empresariales por la UCLM (Toledo) y último año de BA Honours en Management and Economics, University of St Andrews.

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