Backcasting de IA responsable
En un mundo que un día fue vibrante y bullicioso de avances tecnológicos, los ecos de la era digital perduran hoy como recordatorios inquietantes de una edad dorada perdida…
En un mundo que un día fue vibrante y bullicioso de avances tecnológicos, los ecos de la era digital perduran hoy como recordatorios inquietantes de una edad dorada perdida. Los logotipos enormes y oxidados de gigantes tecnológicos antaño todopoderosos —Apple, Microsoft, Google, Meta, Amazon, Nvidia, TikTok, Tencent, Alibaba y OpenAI— se alzan como monumentos sombríos a su antiguo dominio. La marcha implacable del progreso, impulsada por estos colosos, había prometido una utopía de comodidad y conectividad, pero acabó conduciendo a una caída distópica.
Las calles están desoladas, llenas de escombros y de los restos de una civilización que depositó su confianza en la inteligencia artificial y en el dominio digital. Los edificios, antes elegantes y modernos, son hoy fachadas que se desmoronan por el abandono; sus varillas de acero al descubierto y sus ventanas rotas reflejan la degradación que se ha filtrado hasta el último rincón de la sociedad. Los charcos de agua estancada se acumulan en las grietas del asfalto y devuelven la imagen del cielo desolador y encapotado.
Entre las ruinas se yergue un joven con el rostro marcado por la insatisfacción y la rabia. Encarna la desilusión de una generación que creció a la sombra de compañías tecnológicas omnipotentes y de sistemas de IA que prometían resolver todos los problemas y lo que hicieron fue crear otros nuevos. Su ropa oscura y hecha jirones y la expresión intensa de su mirada cuentan una historia de supervivencia y de desafío en un mundo donde las promesas de la era digital se han derrumbado hasta quedar en ruinas.

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Los símbolos del pasado yacen dispersos y oxidados, su presencia antes icónica reducida a metal retorcido y sueños rotos. El dominio de la IA y de las big tech había llevado a niveles de control y vigilancia sin precedentes, asfixiando la individualidad y la libertad. A medida que los recursos menguaban y el medio ambiente se deterioraba, la sociedad empezó a descomponerse. La dependencia excesiva de la tecnología para cada aspecto de la vida dejó a la humanidad mal preparada para los fallos en cascada que vinieron después.
Las consecuencias de un avance tecnológico sin control y de la desatención social son profundas y tienen muchas caras. Jóvenes de uno y otro sexo, desilusionados y marginados por unas apps de citas que perpetúan los juicios superficiales, se sienten cada vez más atraídos por los movimientos extremistas de ultraizquierda y ultraderecha. Esa tendencia agrava las divisiones sociales y alimenta la inestabilidad política. El mundo se desestabiliza todavía más por la influencia omnipresente de las noticias falsas generadas por IA, que manipulan la percepción pública y erosionan la confianza en los medios tradicionales.
La capacidad de atención de la población, diezmada por la exposición constante a las redes sociales y a las aplicaciones de networking, deja a las personas vulnerables ante la retórica simplista y emotiva de los líderes populistas extremistas. Esos líderes explotan el tejido social roto para llegar al poder, prometiendo soluciones fáciles a problemas complejos. El resultado: el discurso racional y la comprensión con matices son bajas en una sociedad movida por impulsos reaccionarios.
Una población envejecida, que ha subvertido el sistema social para favorecer sus propios intereses, agrava la brecha generacional. Los jóvenes se enfrentan a una realidad desoladora en la que las oportunidades de éxito escasean, reservadas para los extraordinariamente talentosos o para los ricos. A esta desigualdad sistémica se suma el fracaso a la hora de repartir las ganancias de productividad conseguidas gracias a los avances tecnológicos, lo que mantiene estancados los salarios reales. Las ventajas fiscales sobre las plusvalías benefician de forma desproporcionada a los multimillonarios tecnológicos, que se resisten a redistribuir su riqueza hacia la sociedad y afianzan aún más las desigualdades económicas.
En ese futuro, además, a las generaciones más jóvenes les cuesta muchísimo permitirse los hitos vitales básicos. Cargadas con una deuda de préstamos estudiantiles que las asfixia, comprar una casa les resulta casi imposible, lo que genera una sensación de desesperanza y de exclusión. Esta precariedad económica socava la cohesión social y alimenta el resentimiento hacia un sistema que parece amañado en su contra.
Además, la degradación ambiental y el agotamiento de los recursos siguen sin freno, porque se prioriza el beneficio a corto plazo sobre las prácticas sostenibles. Esa negligencia se traduce en desastres climáticos cada vez más frecuentes y más graves, que golpean de manera desproporcionada a las comunidades más vulnerables. Las crisis sanitarias, agravadas por unos sistemas de salud saturados e infrafinanciados, se vuelven más habituales y tensionan la resiliencia de la sociedad.

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En esta realidad sombría, la falta de una educación integral e inclusiva limita todavía más las oportunidades de movilidad social, mientras la vigilancia omnipresente erosiona la privacidad y las libertades personales. La combinación de todos estos factores crea una sociedad donde la desesperación y la rabia son moneda común, y donde el propio tejido de la civilización corre el riesgo de deshilacharse.
En este apocalipsis posdigital, el joven representa un destello de esperanza y de resistencia. En medio de la ruina y el abandono, permanece en pie como testimonio de la perseverancia del espíritu humano, desafiando los restos de una época que ya pasó. El mundo posterior a la era digital es un recordatorio crudo de los peligros de un avance tecnológico sin control y de la necesidad de equilibrio entre la innovación y lo humano.
Aunque este relato es una ficción, te ruego, querido lector, que conectes con el drama de estos padres imaginarios y que pienses en las preguntas que tú y tus pares podríais plantear si tuvierais la oportunidad de examinar este escenario imaginado y, a través de un proceso transformador, rediseñar el presente para evitar un futuro distópico.

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Preguntas para pensar:
¿Qué marcos éticos y qué salvaguardas podemos implantar para asegurar que la IA y las tecnologías digitales amplíen, en lugar de reducir, la autonomía y la dignidad humanas?
¿Cómo podemos garantizar un acceso equitativo a los beneficios de los avances tecnológicos y evitar que se ensanche la brecha entre quienes pueden permitirse las nuevas tecnologías y quienes no?
¿Qué pasos podemos dar para preservar y promover las capacidades humanas y el empleo en un mundo cada vez más automatizado?
¿Cómo podemos diseñar sistemas de IA y tecnologías digitales resilientes ante los fallos sistémicos y adaptables a las necesidades cambiantes de la sociedad?
¿Qué estrategias podemos emplear para equilibrar innovación y privacidad, de modo que las tecnologías basadas en datos no vulneren las libertades y los derechos personales?
¿Cómo podemos cultivar una cultura de innovación responsable y sostenible que priorice el bienestar social a largo plazo sobre el beneficio a corto?
¿Qué medidas podemos tomar para abordar la brecha generacional y asegurar que los beneficios del progreso tecnológico se repartan de forma equitativa entre todos los grupos de edad?
¿Cómo podemos reformar los sistemas educativos para preparar a las generaciones futuras ante los retos de un panorama tecnológico que cambia a toda velocidad?
¿Cómo podemos aprovechar la aumentación con IA para que nuestros compañeros digitales (los asistentes personales de IA) nos protejan de los errores y nos blinden frente a la seducción de los líderes populistas?
En toda la historia de la humanidad, la capacidad de construir proyecciones tan verosímiles y visualmente potentes nunca había estado tan al alcance. Este relato busca encender tu indignación y catalizar una respuesta que nos obligue a asumir la responsabilidad de dar forma a un futuro de nuestro propio diseño, un futuro diseñado para humanos por humanos aumentados.
“Los ordenadores son inútiles. Solo te dan las respuestas.” –(atribuida a) Pablo Picasso
Nota: Este artículo ha sido creado 100% por IA con un GPT especializado en escribir artículos largos para LinkedIN. La idea del Responsible AI Backcasting y el contexto de la historia y de sus imágenes son 100% ideación de Bernardo Crespo.
Este artículo forma parte de un ejercicio del Programa Ejecutivo de Inteligencia Artificial de IE Business School.
Otros artículos generados por IA:
Bridging the Divide: Confronting AI-ableism in Our Digital Age | Un artículo sobre cómo el AI-ableism crea una brecha digital en la que unos se benefician de capacidades aumentadas mientras otros se quedan atrás.
Fuentes de inspiración para este post:
How the US is destroying young people's future, de Scott Galloway | TED2024 • abril de 2024 https://www.ted.com/talks/scott_galloway_how_the_us_is_destroying_young_people_s_future
SituationLab "That Thing From The Future" https://situationlab.org/project/the-thing-from-the-future/
What is an AI anyway?, de Mustafa Suleyman | TED2024 • abril de 2024 https://www.ted.com/talks/mustafa_suleyman_what_is_an_ai_anyway
El autor
Bernardo Crespo
Advisor C-suite en IA, datos y estrategia. CEO de Quantum Markethink y Director Académico en IE. Ayuda a comités de dirección a decidir con criterio en la era de la IA.
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